¿Dónde estoy?

Me quisiste a bocajarro. Fue imposible no morir en el intento.
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5.10.12

El profesor

Yo pensaba que estas cosas sólo pasaban en las películas. Su mujer no apareció en nuestras conversaciones hasta una tarde en la que, cubiertos únicamente por una sábana, me ofreció un cigarro.
- No sabía que fumabas. -Me dijo.
- Nunca lo había hecho delante de ti. -Contesté.
- Por lo menos no rechistarás. Mi mujer siempre se queja de que la boca me sabe a ceniza.
Y así me enteré de que estaba casado. Fue entonces cuando me di cuenta de lo mayor que era él y lo joven que era yo. Pensé ¿qué diablos hago aquí? Y me imaginé a su mujer, empapada de un gran aura de responsabilidad, preparando la cena o sentada elegantemente en una mesa de oficina. Mientras que yo, una chiquilla que se tomaba por adulta, me fumaba un pitillo con un hombre que podría ser mi padre. Era ridículo.
Me pregunté qué era exactamente lo que me atrajo de él desde un principio... Quizá era la maestría con la que domaba las palabras, la forma tan clara de hacernos llegar sus ideas, como si fueran agua transparente. La manera de ajustarse las coderas del jersey o la barba de tres días bien recortaba que siempre lucía en sus lecciones. Me disculpé, me vestí y me marché dejándole tan perplejo como me encontraba yo en ese momentos. Lo único que se me pasó por la cabeza al abandonar la habitación fue si mi nota se vería afectada por esto.

4.9.12

El abuelo

Lo único que nos unía era la costumbre. La costumbre de verle sentado en la butaca del salón, la costumbre de sentir su mirada clavarse en mí cada vez que pasaba por delante del televisor, la costumbre de escuchar su respiración mientras merendaba en la cocina...
El abuelo llegó a casa hará un año y medio, cuando se volvió tan insoportable que ni la residencia quiso hacerse cargo de él. Entonces mamá no tuvo otro remedio que sacarlo de allí y traerlo a vivir a casa con nosotros. Se instaló en el cuarto de invitados y se hizo dueño del salón a golpe de gritos y gruñidos del infierno. Lo que más le gustaba en el mundo eran las películas de vaqueros que hacían en la cadena autonómica. La casa se llenaba del ruido de escupitajos, disparos y blasfemias tan antiguas y ridículas que al imaginar a los guionistas lo hacía en blanco y negro. Era todo un incordio a la hora de estudiar, pero si no tenía la televisión a todo volumen, el viejo no escuchaba nada. "Súbete el audífono, viejo amargado", le decía yo. "Calla, niñata insolente", me contestaba él. Y después de terminar la frase inspiraba profundamente de su bombona de oxígeno y sonaba como un androide oxidado que luchaba por seguir siendo útil. Cuando llegaron mis exámenes finales yo no pensaba en otra cosa que en desconectarlo. Imaginaba que se apagaría con el ruido que hacían las teles antiguas e iría perdiendo el tono muscular a cámara lenta, como un verdadero robot.
Sobra decir que nunca me llevé bien con mi abuelo. Desde pequeña lo había visto siempre en la habitación de la residencia y ya era un cascarrabias cuando buceo en los primeros recuerdos que conservo de él. Primero pegado a su maloliente pipa, luego a su bombona de oxígeno. Nunca tenía una palabra amable para mí, siempre era demasiado ruidosa, luego demasiado alta, demasiado callada, demasiado "llena de alambres que me atravesaban la cara". Nunca quise hacerle entender el por qué de mis piercings o mi ropa destartalada. Igual que yo no me interesaba por sus tirantes pasados de moda o su afición a los indios y vaqueros del todo a cien, esperaba que él pasara por alto mis modificaciones corporales y no tuviéramos que enzarzarnos en una guerra cronológica sobre que época era la mejor.
Siempre pasé sin las típicas meriendas con el abuelo, las anécdotas de los viejos tiempos o las tardes jugando encima de sus rodillas. Todo aquello me era desconocido. Para mí el abuelo era ese señor que se sentaba en la butaca del salón y esperaba un día más a la muerte sumergido en las historias del viejo oeste.
Una tarde al volver de clase e interrumpir brevemente su película al pasar por delante del televisor, se me cayó el libro que estaba leyendo por aquel entonces.
- Anda. -Jadeó sorprendido mientras extraía oxígeno de la bombona. -¿Sabes leer?
- Sí. -Respondí. Intentando tomarme aquel insulto tan gratuito en la mejor medida de lo posible.
- Quién lo iba a decir. Igual vas a tener algo bueno después de todo.
- ¿Le gusta leer, viejo? -Pregunté. Él ya no se lo tomaba como una ofensa, para mí era más viejo que abuelo.
- Leer salva vidas. Estoy seguro de que si en vez de oxígeno me llenaran este cacharro de una buena lectura podría sobrellevar cinco años más sin ningún problema.
- ¿Eso cree? -Quizá aquella conversación iba a ser más interesante de lo que pensaba. De fondo los tiros de los vaqueros llenaban los silencios entre ambos.
- Eso sé, más que creer. Recuerda, Beth, cuando el mundo te falle y pienses que la vida y las personas no han sido más que una decepción, un libro será el antibiótico que te alivie de la realidad por unas horas. Las palabras tienen el efecto de curar el alma, la nutren y te vuelven alguien competente, culto. El mundo va a necesitar personas cultas cuando se vaya a la mierda. Nunca dejes de leer.
Recogí mi libro y me aparté de su vista cuando entendí que no quería hablar más. 

Murió pocos días después.
Lo único que nos unía era la costumbre. La costumbre de vernos y saber que existíamos dentro de la misma casa. Por eso cuando vi el sillón vacío por primera vez, ese vacío se abrió también un poquito dentro de mi pecho. Puede que esa costumbre se hubiera transformado en un pequeño sentimiento de comodidad, de relajarme con el sonido de su respiración casi artificial o sonreír de vez en cuando al pensar que el abuelo estaba en casa. Sin darme cuenta comencé a sentirme realmente triste. Y entonces, cogí un libro.


(dedicado a ti. por nuestra conversación de ayer)



8.8.12

El árbol pequeño


Abrí la puerta y salí a cubierta. El olor a tabaco y prepotencia había empezado a hacerme un nudo en la garganta y terminaría vomitando en la cubertería de plata si me quedaba allí sentada.
La brisa marina fue como la primera bocanada de aire después de haber estado buceando en las profundidades: la presión de mis sienes cesó y por fin pude digerir la bola de mi garganta al respirar un poco de viento mezclado con sal.
En aquel momento hubiera jurado que no quería estar donde me encontraba. Miré de nuevo hacia el salón de baile y la paz que me envolvía se asfixió con el ruido de la orquesta y las risas amortiguadas por los portones cerrados. Los cristales dejaban entrever las siluetas danzantes de los demás pasajeros, ociosos, borrachos algunos de ellos y sin ninguna de las preocupaciones que me turbaban a mí en ese instante. ¿Quería formar parte de esa masa?
Hacía apenas cuatro horas había cogido un barco rumbo a Londres. Un barco que cruzaba todo el puñetero océano para llevarme a una de las mejores universidades de Europa. Un barco cuyo billete les había costado a mis padres el esfuerzo de casi toda una vida. Un barco que se suponía llevaba la palabra "Destino" grabada a fuego. Pero ahora las letras se volvían borrosas y las olas se las llevaban tan fácilmente como la brisa nocturna se llevaba mi seguridad.
- Maldita sea.
- ¿Disculpe? -Me había centrado tanto en mi particular orquesta interior que no me había dado cuenta del momento en que llegó mi compañía.
- Oh, nada. Hablaba para mí, perdone.
- Dicen que conversar los pensamientos ayuda a aclararlos.
- ¿Usted cree? -Pregunté. Aquel muchacho, que realmente no debería tener un par de años más que yo, parecía saberlo todo. Y su serenidad me aplastaba.
- Simplemente eso dicen. -Hizo una pausa. Y yo volví con mis desvaríos al vals de las olas.-¿Qué la aflige... Si no es un atrevimiento?
- Lo es. -Salté. Y su sorpresa me hizo sentirme como los condescendientes pasajeros que continuaban canturreando y vaciando sus bolsillos dentro del salón de baile. -Yo... Yo no sé si quiero estar aquí. No sé si debería estar en este barco.
- ¿Y por qué no?
- Londres es grande. El lugar del que vengo es pequeño... No creo estar a la altura. -Confesé.
- Pero usted no parece pequeña.
- ¿Cómo dice?
- Verá... Si usted planta un árbol grande en una maceta pequeña, éste nunca encontrará el espacio suficiente para crecer y desarrollar su potencial. Sin embargo... Si lo cambia a un sitio más grande, puede que se sorprenda de lo maravilloso que puede llegar a ser. -Sonrió antes de que yo pudiera reaccionar o componer cualquier tipo de expresión en mi rostro. No sabía si terminaba de entender aquellas palabras o si, simplemente, no quería hacerme a la idea del mensaje. Supongo que entendió que necesitaba tiempo para asimilarlo. -Se hace tarde. Espero que sus pensamientos no le impidan disfrutar del resto de la velada, hoy hace una noche estupenda. -Perdió la vista entre las estrellas por un segundo y se alejó. Dejándome de nuevo con el ronroneo de las olas y la refrescante brisa con sabor a sal.

Todo estaba como hacía unos minutos. Pero tenía la sensación de que al aire me había traído de vuelta algo de mi seguridad. O al menos, las fuerzas para intentar dejarla crecer.


25.4.12

Cicatrices

Creo que sólo cuando una herida ha cicatrizado, puedes acariciarla. Si lo haces antes es molesto, escuece, duele y maldices una y un millón de veces el momento en el que te la hiciste. La quemazón de la carne abierta te recorre por dentro. Y sufres. Hasta en algunas ocasiones, cuando el dolor es increíblemente intenso, lloras. Lloras pensando por qué tuviste que hurgar en esa herida, quién te mandó meter el dedo dentro. Y piensas por qué diablos tuviste que hacerte daño, por qué tú. Quieres que cure pronto, sigues llorando. Pero que una herida cicatrice... Lleva su tiempo.
Y es entonces, cuando sólo queda esa cicatriz, la marca de que ese dolor algún día estuvo ahí, cuando puedes acariciarla con toda la paciencia del mundo. Deslizar las yemas de los dedos por su relieve e, incluso, sonreír. Sonreír sabiendo que ya no duele, que ya no te molesta recordar cómo te la hiciste, que apenas recuerdas cómo se sentían esas punzadas de dolor, esa quemazón por toda el alma. La agonía que suponía apenas rozar esa herida desaparece, se va, se borra para siempre. Dejando únicamente la prueba de que superaste ese dolor.

Creo que sólo cuando una herida ha cicatrizado, puedes acariciarla... Incluso si está en el corazón.


(lamento mi larga espera, la universidad me ha secuestrado).

22.2.12

Evening

Podemos pasarnos por el Starbucks, comprar un par de cafés y unas magdalenas y llevárnoslo todo a casa. Tirarnos en el sofá. Acariciar al gato. Decirte "oh, está lloviendo" y que se empape la ropa tendida. El sol se va. El comedor se queda a oscuras. Me miras. Te miro. Y recuerdo que habíamos traído cafés. Volvemos a tirarnos en el sofá y comemos y bebemos en silencio, en penumbra. Con el clin-clin de la lluvia de fondo, mojando la ropa. Me das el trocito más grande de chocolate. Te beso la nariz, nos reímos. Soplo al café y te miro de reojo. Bebes. Y ponemos una película. Se hace de noche mientras la lluvia continúa castigando la ciudad. Me recuesto sobre tu pecho. Me acaricias. Me estremezco, te abrazo. Me besas. Escucho tu corazón, lo siento sobre el mío. Me miras. Te miro. Me dices que me quieres...

Y lloro.

Porque recuerda.

Aunque todo sea perfecto.
Nada es para siempre.

19.2.12

El pasado de debajo de mi cama.

Había demasiadas estrellas sobre París. Pero aun así Lucy se empeñaba en contarlas una a una, topándose con su brillo y descartándolo en el acto. Como si buscara algo, como si la respuesta al crucigrama de su vida se encontrara encriptado en el firmamento que la observaba.
Y como cada noche, desistía. Tachaba un día más en su calendario y se acostaba con la sensación de no haber vivido en esas 24 horas, otros 86.400 segundos que eran el tic-tac de los tacones del tiempo, que se alejaba sordo e indiferente dejando atrás a Lucy, sus días y sus ganas de salir de aquel bucle guiado por las manecillas del reloj.
Hacía tiempo que su vida no era más que eso, un vacío que reflejaba un pasado mudo, enfadado con el presente. Los álbumes de fotos, los ramos de flores marchitos y los recuerdos de años atrás se habían convertido en una única masa que se pudría bajo la cama, acumulando polvo y luchando por no morir en el olvido. Pero jamás lo haría. Si había algo que Lucy contaba más que estrellas en la noche, eran errores en su vida. Y había tantos que ennumerar las estrellas del cielo le parecía un juego de niños. Había llegado un punto en el que su cama se había convertido en un monstruo, vomitando libros y fotografías incapaz de tragar más cosas bajo ella. Pero Lucy las pateaba de vuelta al estómago del averno, donde se doblaban y rompían, se ensuciaban y acumulaban... Pero no desaparecían.
Puede que realmente sólo le quedara el espejo para asegurarse de que seguía siendo real dentro de aquellas cuatro paredes. Había veces que no conseguía traspasar el límite del sueño a la realidad y arrastraba sus pesadillas nocturas a la luz del día, donde se volvían tan nítidas que ni el monstruo bajo la cama podía tragárselas. Otras veces la realidad le parecía eterna, metálica, demasiado dura como para llegar hasta sus sueños. Y así, al igual que los recuerdos de su pasado se mezclaban entre el polvo, se fundía ella con los días, que parecían todos iguales y herméticos..


"Si existen tantas razones para vivir como estrellas en el cielo, sólo tengo que buscar aquella que más brille y dejarla alumbrar este ático, para que pueda sacarme de aquí de una vez". 


Se decía, se repetía tantas veces en la noche que aquellas palabras se habían convertido en una canción sin sentido, una canción de la que no entendía el idioma y que sólo repetía bajo el frío nocturno de París esperando encontrarle un significado.
Pero un día, uno de esos en los que se quedaba horas sentada al borde de la cama mirando el cielo, uno de esos días que parecían volver a mezclarse con los sueños, en uno de esos días... Sonó el teléfono.





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1.2.12

Sólo por unos fajos de billetes

"Es por nosotros"
- ¿Cómo?
- Que si te ocurre algo.
- No, no... Estaba pensando en otra cosa, perdona.
"Tienes agallas, podrás hacerlo". Repetía su voz en mi cabeza, como una grabadora, como una puñetera grabadora atascada. No tenía agallas, llegado el momento me temblaban las piernas como a un flan. Cada bocado que se llevaba a la boca, cada mirada que me dedicaba... Lo sabía, él lo sabía y aquella noche era el final.
- ¿No cenas? -Me espetó.
- Sí, claro... No tengo mucho hambre. -Me llevé un bocado a la boca, casi con tanto miedo como él. Saboreé la carne entre mis labios, le di vueltas a desgana demasiado ocupada en pensar como para centrarme en la cena. Y entre mordisco y mordisco sólo seguía escuchando su voz en mi cabeza "tú piensa en el dinero, sólo piensa en la pasta y todo lo demás estará justificado".-Sí...
- ¿Has dicho algo?
- Nada, me he mordido... -Me acaricié la mejilla fingiendo dolor, aquella noche era la peor actriz de la historia.
- Te noto algo... Nerviosa.
Corté la carne sin levantar la vista del plato, "bebe, estúpido, bebe" me repetí en mi fuero interno, ansiosa por salir de aquella casa.
- No, para nada.
- Sí, lo estás. Y ambos sabemos por qué es... -Cogió la copa y todas mis energías se centraron en conseguir que diera un buen trago de vino.-Sé lo del otro.
- ¿Cómo? No sé de qué hablas. -"Bebe ya, joder".
- Claro que lo sabes. -Despacio, muy despacio, más despacio de lo que cualquier persona podía moverse, se llevó la copa a la boca e ingirió el líquido rojo sin apartar la vista de mis ojos, que continuaban clavados en el plato. "Le metes el veneno en la copa, se lo bebe, la palma. Y tú y yo empezamos de cero". Ese era el plan, simple. -Te acuestas con otro, lo sabe todo el barrio y encima pretendes hacerme creer que no ocurre nada... Karen, ¿qué nos ha pasado...? -Y entonces su voz cambió, mi conciencia murió de vieja, la sangre se congeló en mis manos. No hubieron gritos, no hubieron reproches. Sólo la melodía de su voz intentando suavizar el estruendo de la tormenta. -Mira... Podemos solucionarlo, ¿vale? Lo he estado pensando y... Karen... Te q...
- ¿Sí?
- Te qui...
Se llevó las manos al cuello, asaltado por la sorpresa.
- ¡¡No!! ¡No, espera! -Grité. La silla cayó tras de mí, me lancé hasta él ya tendido en el suelo, intentando respirar a través de su garganta hinchada. -¡Sam, Sam! ¡¡Reacciona!! ¡Perdóname, Dios, perdóname! ¡¡Ha sido un error!!
Sus ojos se abrieron hasta el límite, su rostro, que iba tornándose de un tono morado, avisaba de que la cuenta atrás terminaba. El veneno irrumpió en su sangre, el veneno que tras un par de horas se esfumaría, iba a dejar una huella eterna en mi recuerdo. Se agarró con fuerza a mi blusa suplicando por su vida, carraspeando, sin soltarse la garganta con la otra mano.
- ¡¡Aguanta, por favor!! -Le supliqué. Pero era a la parca a quien debía suplicar y ella, presente en aquel asesinato, no guardaba compasión para mí. 
Arrodillada en el suelo acudí impotente a la escena que estaba sucediéndose en el comedor de mi casa: Mi marido, que iba a estar dispuesto a perdonarme, se marchaba para siempre con un "te quiero" todavía colgando de los labios. Mi marido, que jamás hubiera llegado a pensar lo que mi retorcida mente había accedido a hacer, se marchaba con un sincero "te quiero" que me condenaba al infierno y me arrebataba lo que me quedaba de vida. Un "te quiero" que junto a él moría mientras que yo, cegada por el arrepentimiento, me había destinado al más cruel y frío de los futuros. Sólo por unos fajos de billetes.

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15.11.11

Los latidos del sauce

Los largos tentáculos del aburrimiento me encadenaban a aquella angosta cama, tan incómoda como el día en que llegué. "Sólo unos días más" llevaba escuchando de boca de la enfermera hacía meses, pero sus días se contaban por semanas y la puerta de salida cada vez parecía más parte de mis sueños que de mi realidad. "¿Cuándo voy a poder irme?" Esa era mi única pregunta, tan repetida que el doctor la articulaba con los labios al entrar en la habitación sin que yo hubiera podido decir nada. Todo el personal se sabía muy bien mis preguntas e inquietudes, pero yo no tenía ni una de sus respuestas.
Los ventanales, antes bellos reflejos al óleo del mundo exterior, se habían vuelto monótonos y demasiado conocidos. Me entretenía contando las tórtolas que surcaban el cielo y esperando pacientemente a que el gran sauce llorón que asomaba desde el jardín perdiera la última hoja. El día en que eso ocurra le pediré a la enfermera que busque esa última lágrima y la traiga junto a mi cama, así podré contar el tiempo que estoy aquí prisionero en lágrimas de sauce. "¿Cuánto tiempo estuviste en el hospital?" Me preguntarán. "18 lágrimas de sauce" responderé yo. Y parecerá poco. Y será una eternidad.
- ¿Cómo se encuentra hoy?
- Como ayer, antes de ayer y seguramente mañana y toda la vida: Aburrido.
- Vamos, vamos, sólo unos días más.
Y yo suspiraba conociéndome bien su cantaleta, las palabras de madre mentirosilla que arrulla a su niño para que se quede tranquilo. Pero mi corazón de niño se estaba volviendo viejo y ya pillaba las mentiras incluso antes de que despegaran. Qué triste es envejecer postrado en una cama, parece que el tiempo se estire como un chicle pero cunda el doble. Y las arrugas, que no veo en el espejo, las noto en el alma.
Algún día abriré ese ventanal y me tiraré de cabeza, es todo cuanto pienso. Maquinar mi inesperado suicidio con toda la estrategia que ello conlleva mantiene alerta mi mente y activa las películas de mi imaginación, aunque sean de un filmado tan macabro. Pero sé que no lo haré, el pulpo que me tiene aquí postrado se hace cada día más pesado y mis huesos se están volviendo blandos y torpes. Sólo me espera, como asumo en mis pocos momentos de resignada lucidez, rezar porque todavía le queden a mi corazón más latidos que al sauce hojas que llorar.



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23.10.11

Los inviernos son más fríos en Nueva York

(extracto de novela)


[...]La ciudad estaba despertando. El sol se ruborizaba sobre los rascacielos y coloreaba con sombras las calles por las que arrastraba mis pensamientos. Qué diminuta me sentía con el peso de la luz sobre mis hombros, sabiendo que un nuevo día estaba bostezando sobre mí y yo no tenía mayor expectativa que intentar que aquellas 24 horas transcurrieran rápidas y sin dolor. Si pudiera hacerme donante de tiempo y regalar anónimamente mis minutos a quien realmente los necesitara, lo haría. Veía a las madres ya levantadas a primera hora, empujando a sus hijos hacia la escuela y haciendo esfuerzos por cuadrar sus horarios con el trabajo. Ejecutivos que robaban segundos con cada zancada que daban, negocios que habrían ya sus puertas al ajetreado caos que llenaba las calles. Y yo, que parecía que estaba en pausa en mitad del gentío, les hubiera regalado todas mis horas a cambio de un pequeño suspiro con el que acostarme aquella noche.
“Puede que me compre un pez…” Pensé. “E intentaría, por lo menos, que el tiempo que estuviera encerrado en mi pecera se sintiera como el único pez de la tierra”. Mi estómago vacío me recordó en ese momento que no probaba bocado desde la comida de ayer. Lo acaricié impaciente y entré en la primera cafetería que encontré abierta.
- Buenos días, señorita, ¿qué va a ser?
- Un día demasiado vacío. Póngame un vaso de whisky. –El gesto del camarero delató la duda de no saber si hablaba en serio o le estaba tomando el pelo.
- ¿A estas horas?
- Necesito limpiarme los sentimientos de ayer. Las manchas del alma sólo salen con alcohol, ¿sabe?
- De acuerdo pues…
- Póngame también dos tostadas con mermelada de fresa, por favor.
El ardor bajó a gran velocidad por mi garganta, abrasándome el esófago y dejándome una sensación amarga flotando en el estómago. El whisky sin duda tenía que ser el mejor insecticida para las mariposas estomacales. Me mareé unos segundos y tuve que darle dos feroces bocados a una de las tostadas para poder mantener mi escuálida anatomía sobre algo sólido. No era el mejor desayuno que había probado y tampoco me hacía falta recordar demasiados para saberlo, pero era lo que necesitaba para poner el contador a cero.[...]


posdata: me gustaría hacer unas ilustraciones de dos de los personajes de esta novela. Si alguien está interesado o conoce a alguien que pudiera estarlo y le gustaría hacerme el favor, que se ponga en contacto conmigo vía tuenti o correo electrónico. Gracias (:

4.9.11

Las flores chinas


[...]Entendí perfectamente cuáles eran sus intenciones. Quise hablar y decirle que quizá no fuera momento, que no sabía si él verdaderamente era la persona con la que quería compartir esa experiencia y que nuestra amistad se estropearía después de aquello para nunca volver a su forma habitual, tan simple y perfecta. Pero como cada vez que me besaba, cada vez que me acariciaba por debajo de la blusa… No supe decir que no. No supe sacar fuera todo lo que me oprimía por dentro. Y cuando quise darme cuenta, tenía el excitado cuerpo de Matthew encima del mío, rozándose contra mí rítmicamente.
Le dejé desnudarme sin poner resistencia y yo hice lo mismo con él para hacerle creer que estaba de acuerdo con aquello. Cuando todo mi cuerpo quedó visible ante su lasciva mirada, me sentí desprotegida y frágil. Yo era como la gacela herida y él el león que había encontrado su oportunidad.
No sentí nada.
Por más fuerte que cerrara los ojos o lo mucho que me repitiera que le quería, sentir su lengua sobre mi vientre o sus manos subiendo por mis muslos no me provocaba otra sensación que la de querer llorar y apartarlo de mí. Sólo en un momento fugaz, efímero y cálido me sentí segura y bien: Sólo cuando por un instante la imagen de Sophie se cruzó ante mis ojos sentí que podía llegar al cielo a través de ella. No sé por qué pensé en Sophie en aquel momento, pero su visión hizo que los pesados besos de Matthew me parecieran más dulces y sentidos.
Si ahora revivo aquel momento, me desconozco y me doy la espalda a mí misma. Me pregunto por qué no le dije que no aquella noche, por qué no le dije que no estaba preparada o que no quería perder mi virginidad con él. Creía que hacía lo correcto, creía que una chica tenía que hacer ese tipo de cosas por su novio, dejarse llevar y cumplir sus deseos para hacerle feliz. No sé qué hubiera ocurrido en el caso de negarme, si hubiera sido el centro de las burlas o hubiera tenido que recibir todas sus reprimendas. En aquel momento todos esos pensamientos me quitaban la respiración. Pero ahora, sinceramente, me hubiera importado lo más mínimo.[...]

Aquí os dejo un pequeño fragmento de mi segunda novela: "Las flores chinas".

24.7.11

Aquel invierno

Kamélie:

            Pasó más tiempo del que me esperaba hasta que tuve noticias del chico de la fiesta. Cada noche torturaba con mi ratón el botón de la bandeja de entrada del correo electrónico, amenazándole si no me mostraba algún mensaje que quizá se hubiera rezagado en la red. Pero nunca era así. ¿Por qué? ¿Qué había ocurrido? ¿Me había tomado el pelo, quizá? Podía ser… Al fin y al cabo, yo sólo era una niña queriendo arrimarme al fuego y él la llama que había abrasado mis intenciones. Puede que ni yo fuera lo que él buscaba ni él lo que yo esperaba. O eso creía yo.
            “Un mensaje sin leer en tu bandeja de entrada”
            - No juegues conmigo… -Contesté a la pantalla. -¿Más correo basura? ...Abrir mensaje:

            Hola, costillasrotas.
            Seguramente no sabrás quién soy o ya ni te acordarás de mí. Soy aquel ‘pirao’ de la fiesta al que le diste tu correo. Siento haber tardado tanto en llamar a tu puerta pero he tenido ciertos problemas técnicos. Espero que todavía no sea tarde para que me abras… Y pueda invitarte a tomar algo.
Jack.

            Mi corazón se tomó unos segundos hasta que pudo volver a respirar. Era él, el chico de la fiesta. Jack… Toda la angustia acumulada esos días se derrumbó con tanta facilidad como la casita de paja ante los violentos soplidos del lobo feroz. No me lo pensé dos veces para darle al botón de “responder” y comenzar a teclear como si mi vida dependiera de ello:

            Hola, chico de la fiesta.
            ¿Jack es tu nombre? Aunque quizá costillasrotas quedase mejor en mi documentación, por desgracia es Kam el nombre que figura escrito. Ya pensaba que el final de aquella servilleta había sido la papelera más cercana… Me alegra que no fuera así y me alegro también de que esos problemas técnicos estén ya solventados.
            ¿Ir a tomar algo? ¿Un secuestro, quizá? Me encantaría abrir la puerta si estás tú detrás. Espero noticias tuyas,
Kam.
           
            Aquello era entretenido, excitante. Tamborileaba mi mesa con la esperanza de que él estuviera también pendiente del correo, al otro lado de la pantalla.
            “Un mensaje sin leer en tu bandeja de entrada”
            Y así era.

            Creo que por ahora me quedaré con costillasrotas, los corsés siempre me han parecido los más elegantes y seductores métodos de tortura. ¿Te dejarías entonces secuestrar por alguien que sólo era capaz de llevar su mirada desde su vaso hasta tus ojos? Puede que te lleves una aburrida decepción.
Jack.

Mi sonrisa se abrió paso en la penumbra de la habitación, ¿de verdad temía defraudarme? Resultaba hasta divertido.
- Kam, -La puerta se abrió arrancándome de mis ensoñaciones.-Apaga ya el ordenador, es tarde.
- Vale, papá.


Esto que acabáis de leer es un fragmento de un nuevo proyecto en el que trabajo, agradecería cualquier sincera opinión que por aquí o en cualquiera de mis redes queráis dejar. Muchísimas gracias (:

¿Preguntas? http://www.formspring.me/roxyescritora
Fotografías (subiendo las del viaje a Londres): http://www.flickr.com/photos/roxyvarlow

10.6.11

¿Qué le dirías a tu YO del pasado?

Hoy he visto un vídeo que me ha hecho reflexionar... De modo que he decidido grabar mi propio vídeo para mirar un poco dentro de mí y para ver si puedo conseguir que vosotros también miréis un poco dentro de vosotros mismos. Y echéis la vista al pasado unos segundos. Espero que os guste tanto como a mí me gustó hacerlo:



4.5.11

Y entre tantas personas...

Las personas aman, sienten. Las personas entregan su corazón, las personas reciben corazones y los cuidan, los miman, los destrozan, los devuelven, los tiran. Las personas sufren, son decepcionadas, lloran, gritan. Las personas sienten dolor y piensan en la muerte, sienten celos y se pierden en sí mismas. Las personas avanzan, retroceden, cometen errores y aciertan. Las personas olvidan, las personas recuerdan. Las personas se alegran de recordar, lloran por recordar. Las personas se sinceran y les hacen daño, las personas se protegen tras escudos y no dejan entrar a nadie. Las personas se arrepienten, las personas se asoman al pasado y caen al vacío. Las personas perdonan. A veces es tarde. A veces es el momento indicado. Las personas aprenden, las personas piensan en el futuro y corrigen sus pasos, aprenden de sus aciertos, los disfrutan. Las personas aprenden de sus errores, los enmiendan, los evitan. Las personas dicen "te amo" a otra persona. Luego a otra. Luego a otra. Luego a otra. Luego a otra. Las personas no mienten, las personas sólo sienten. Siempre sienten. Las personas son vulnerables al tiempo, pero los sentimientos son eternos. Por eso las personas se enamoran una vez, y otra. Y otra. O solo una. Cada persona es un mundo. Cada corazón una galaxia y cada amor una historia que se guarda dentro, que se escribe en una sonrisa. Que dura para siempre o se pierde entre un millón de estrellas. Pero siempre aparece otra. Porque personas, hay millones. Y todas las personas sienten. Todas sufren. Todas caen. Pero todas se levantan. Las personas ganan. Las personas son retorcidas, las personas odian. Las personas hacen daño, otras personas lo hacen porque están heridas. Pero tras el odio, siempre está el dolor y bajo el dolor, el amor. Las personas pierden el tiempo odiando. Las personas se consumen a sí mismas sin razón. Las personas hieren y no se arrepienten. Otras se arrepienten. Se perdonan. Perdonan. Y las personas sienten paz. Las personas se ciegan, las personas no ven más allá de sus narices. A veces hay personas que ciegan a personas, que las cambian, que las transforman. A veces esas personas no se dan cuenta. A veces sí. Y reaccionan. O no. Las personas que se dejan cambiar dejan de ser personas. Las personas son dueñas de sus propios sentimientos, de sus propias acciones, de sus propias decisiones. Nadie más. Las personas que se dan cuenta, retoman el camino. Las que no, duermen. Las personas pierden, las personas a veces sufren injustamente. Las personas se dan cuenta de que la vida es injusta, pero lo afrontan. A las personas les llega su recompensa. O su castigo. Las personas aprenden que después de la tormenta sale el sol. Las personas aprenden que si han hecho daño, después a ellas les queda el dolor de haber herido. Y sufren el doble que las demás personas. Las personas a veces abren los ojos. Se dan cuenta de las cosas. A veces es tarde. A veces es el momento justo. Lo importante para las personas es darse cuenta, encontrar la paz en sí mismos. Las personas cierran capítulos. Escriben nuevos capítulos. Las personas a veces están solas. Otras no. Las personas a veces quieren estar solas. Otras no. Las personas pasan noches oscuras y días soleados. Las personas descubren que la vida les sorprende cada amanecer. Las personas aprenden que pueden estar arriba. O abajo. Las personas pierden. Las personas pierden a gente quien quiere. Las personas se dan cuenta de que se han ido para otras personas a las que les importaban. Y les da igual. O no. Las personas nos desvanecemos. Las personas nos convertimos en viejos recuerdos. En nuevas realidades. Las personas perdemos. Pero luego las personas aprecian esas derrotas, porque les conducen a nuevas victorias. Porque las piedras que les hicieron caer en el camino les sirvieron para sortear las siguientes. Porque para cada persona que desaparece, que deja un hueco en blanco, aparece otra que lo llena con una caricia. Las personas aprenden de las personas. Las personas aman, las personas sienten. Y entre tantas personas... estás tú.


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6.4.11

CRASH

¿No lo oyes? Adéntrate en el silencio, es un crujido estremecedor que sientes más que escuchas. Es el ruido del cascarón al romperse, el sonido de las grietas quebrarse en medio de la oscuridad. Abre los ojos, ya no tienes por qué cerrarlos más. Deja que llegue la luz a tus retinas, que te hiera en los ojos, que te atraviese la piel. Duele. Sientes. Vives.
Sé que estás entumecida, que tienes miedo. Sé que has estado demasiado tiempo escondida, agazapada. Sé que tu corazón ha encogido y ha perdido la fuerza para latir. Sé que tu espíritu se ha deshidratado en algún lugar de tu desnutrido cuerpo. Sé que estas sombras te han consumido, te han hecho suya hasta pudrir tu mente, tu voluntad, tus sueños. Pero, ¡escucha! Los muros caen ante ti, el cielo se abre poderoso sobre tu diminuta anatomía, inmenso y brillante. Oye cómo caen las paredes, cómo el silencio muere al son de los ladrillos que se desploman, que te hacen LIBRE.
¿No lo ves? El amanecer ha venido a recogerte, ha renacido junto a ti para comenzar contigo un nuevo día. El primer día después del comienzo, después del fin. Porque mires por donde lo mires esto es el final de una etapa, el comienzo de una existencia. Ahora puedes hacer uso de tus ojos, puedes mirar tus manos huesudas y tu rostro demacrado. Puedes avanzar hacia delante, puedes intentar tocar las nubes, puedes acariciar la corteza de un árbol, sentir el agua en la piel, el viento en las mejillas, el sol en la cara, la hierba en los pies. Puedes VIVIR.
El principio cuesta. Renacer es duro. Empezar de cero da miedo y el miedo alimenta tus dudas. Acostumbrarse a la luz duele... Pero vivir en la oscuridad te mata y no hay nada más triste que quien muere estando vivo. Los días pasan y el tiempo no te espera. El principio cuesta pero es mejor que hundirse en un final. ¿No lo oyes? Los pájaros cantan, el mundo avanza a una velocidad de vértigo, que te marea y le provoca náuseas a tu corazón. Pero podrá aguantarlo. Nunca sabes lo fuerte que puedes llegar a ser hasta que no llegas al límite, hasta que no mueres. Y es en ese punto, en el fondo del abismo, es cuando tienes que levantar la vista y darte cuenta de que no te queda más remedio que salir a flote. Derrumbar tu muro. Abrir los ojos.
¿No lo oyes? Estás VIVA.


¡No sabéis lo bien que sienta volver y más viendo todo vuestro apoyo! ¡Leyendo todos vuestros comentarios! Sois más de lo que puedo esperar cada vez que mis dedos se lanzan sobre el teclado. Mañana contestaré comentarios. Un GRACIAS se queda corto. Sois INCREÍBLES.

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26.3.11

Y al final siempre consiguen atraparme.

-Qué forma más curiosa tenéis de bailar. -No las miro pero sé que me devuelven la mirada. Me perforan con sus ojos ciegos y yo me protejo tras mi taza de té.-No sé qué pretendéis, pero tampoco vais a tenerlo de mí esta tarde.
Dejo la taza con desdén y saboreo los restos de vino que bañan mis labios. Sombras oscuras que bailan a mi alrededor, que intentan encerrar mi mente entre sus abrazos y paralizan las horas que se clavan en mi paciencia, desgarrándola y convirtiéndola en un ardor que me sube por la garganta, que amarga mi tiempo.
- Bailáis en vano. -Replico.-No pienso haceros caso. -Y entonces, se ponen a cantar:

"Todavía sangras en la noche,
las sábanas húmedas empapan tus heridas.
Todavía sangras en la noche,
tus intenciones son sólo cenizas."

- ¡Y vosotras sólo venís para regodearos, ¿verdad?! -Y ríen mientras ocultan el sol tras la ventana. Consiguen lo que quieren y me llevan con ellas, cierro los ojos y me pierdo entre el silencio. El vino espesa dentro de mi boca, resbala lentamente con un suave sabor a sangre. Y en mi interior sólo siento las caricias oscuras que me asfixian con delicadeza, que me matan mientras abren mis heridas, me descubren ante el vacío.
"Todavía sangras en la noche..." Corea mi corazón que, vencido, se ofrece a las sombras desesperado por dejar de latir.
- No... -Le susurro.-Tú también no, por favor...
Pero es ciego. Y sólo ve lo que quiere ver.
Pero es sordo. No sabe escuchar más que mis gemidos.
Pero está muerto. Y a mí no me quedan fuerzas para luchar, una tarde más, contra las sombras que vienen a bailar... Justo a la hora del té.


Perdonad mi ausencia.

31.12.10

Lo que el 2010 me ha dejado

Este año...

* Hice un año con él♥
* Cumplí los 18 años
* Abrí el tuenti que tengo actualmente
* Creé mis Atardeceres con Nescafé
* Abrí este nuevo flickr y empecé una nueva etapa
* Terminé mis dos primeras novelas
* Tuve mi primer contacto con las editoriales
* He conocido a gente maravillosa
* Mi chico llegó a los 20
* Viajé a Portugal
* Abrí un canal de maquillaje con mi hermana
* Me he hecho más fuerte
* He afianzado mi afición por la fotografía
* He empezado mi colección de cámaras
* Entré en la carrera de psicología
* Acudí a la presentación del libro de mi padre (en cuya portada salgo y que diseñamos Dani y yo)
* Me dieron un papel para un monólogo
* He ganado un concurso literario
* Gracias a la gente de tuenti, flickr, blog, youtube... He recibido más apoyo que en toda mi vida. Sin vosotros, yo no sería ni la mitad de lo que soy. Muchas gracias a cada persona que me ha hecho, sabiéndolo o sin saberlo, mucho más feliz (: ♥


El 2010 se nos va, pero lo que se queda son los mejores recuerdos que me ha dejado. Las personas que han entrado en mi vida y que han salido como estrellas fugaces, las que tienen pensión completa en mi corazón y las que dejaron huella sin que yo me enterase.
Se va un año, pero como después de cada noche... Siempre llega un amanecer y con él, 365 nuevos días para disfrutarlos.

Feliz año a todos
y que el 2011 os traiga todo lo que merecéis (:

Puedes hacerme las últimas preguntas del año en: http://www.formspring.me/roxyescritora

15.12.10

El espacio es de todos.

Antes de comenzar la lectura, me gustaría que leyeras esto, ya que este relato tiene una parte especial en la que tomas parte. He comenzado este texto a mi manera, eligiendo el tema, los personajes, la acción y el escenario. Pero, ¿qué ocurre? ¡No está terminado! Después de la última frase: "Cuando llegamos..." el relato queda suspendido en el aire. Es el momento en el que decidas un final y lo escribas en un comentario (: ¿Que no tienes blog? ¿Y qué? ¡Puedes hacerlo igualmente! Selecciona la opción 'anónimo', pon tu nombre en el campo destinado a ello y déjame un comentario con el final que esperas para este relato. ¿Os animáis? ¡Pues vamos a ello!

"- ¿Sabes? -Le dije entre las tinieblas.-¡Nunca pensé que acabaríamos así!
- Apenas puedo escucharte. -Me contestó.-¿Dónde estás?
- No lo sé...
Y era cierto, desde que nuestra nave fue engullida por aquel agujero negro, toda la belleza del espacio se había visto reducida a la oscuridad más pegajosa y asfixiante. No había luces, ni destellos, ni fuego ni materia cruzando el firmamento. Sólo la nada que nos había engullido por completo, cegándonos y dejándonos completamente perdidos.
- ¿Cuánto oxígeno crees que nos queda? -Me aventuré a preguntar.
- No tengo ni idea, no puedo fijarme en el contador...
- ¡¡Aah!! -Chillé.
- Soy yo, soy yo... -Su mano me había encontrado en mitad de aquel abismo y había conseguido aferrarse a mi cuerpo. Ahora y hasta el final, estábamos juntos.
- Al menos tendremos una muerte fuera de lo normal... -Me abracé a su ancho traje, hubiera dado hasta mi último suspiro por poder sentir su piel en aquel momento.
- Nadie dice que vayamos a morir. Encontraremos la manera.
- ¿Esás seguro? -No podía verle, pero sé que dudó.
- Sí.
La presión me oprimía contra los límites de mi traje y tuve el impulso varias veces de quitarme aquel casco que me ahogaba, pero eso hubiera sido el final definitivo. Cuando comenzamos aquella misión hacía dos años, jamás llegamos a pensar que pudiésemos llegar a perder el control de la nave. Desde que era niña había soñado con poder llegar hasta la Luna, descubrir algo nuevo e infinito en mitad de la galaxia y poder ponerle mi nombre, sería mi forma de ser inmortal. Ahora estábamos fuera del Atlantis I, devorados por un implacable agujero negro y muriendo lentamente abrazados en mitad del espacio. Llegaría a ser romántico si no fuera porque era nuestra horrible realidad.
- Espera, -Dijo de repente.-¿Qué es aquello?
No podía verlo, tenía la cabeza hundida en su pecho. La alcé lentamente para poder ver, en lo que parecía el estómago de aquella bestia negra, un haz de luz que se hacía cada vez más y más grande.
- ¡Veo algo! -Exclamé.
- ¡Sí, sí! Yo también.
Y nadando a crol suspendidos en mitad del vacío, nos aventuramos hacia aquella pequeña esperanza que podía ser la salvación que jamás hubiésemos creído posible. Cuando llegamos..."


¿Qué encontrarán nuestros dos amigos al final de la luz en medio de ese agujero negro? Al final de esta semana, elegiré el final más mágico, sorprendente e inesperado y reeditaré la entrada incluyéndolo. Luego, volveré a daros la dirección para que conozcáis el nombre del ganador y cómo ha decidido que termine esta historia. ¡Me encantaría ver vuestra imaginación a pleno rendimiento y que todos veamos cómo puede terminar una misma historia desde diferentes puntos de vista!


Y ver mi página personal en: http://roxyvarlow.blogspot.com/

24.11.10

Si ella era capaz de creer en mí, yo también.

- No te preocupes, tú no tienes que llegar hasta tu destino, él vendrá a por ti cuando llegue la hora.
Escuchaba sus palabras con atención, siempre conseguía dejarme con la boca abierta. La observaba sentada en la rama de aquel árbol bajo el que solíamos vernos, con sus gafas de aviadora y su inquebrantable espíritu mezclándose con el viento. A su lado yo me sentía igual de insulso que una hoja seca. 
Kay siempre había tenido madera de aventurera, de viajera interestelar. Me decía que había recibido los poderes de una chamana cuando estuvo en África, que fue víctima de un conjuro en Transilvania y que las hadas la habían nombrado su reina cuando estuvo en Noruega. No sé si alguna de aquellas historias era real, pero las narraba con tanta fuerza que aun a pesar de haberme enterado algún día de que eran mentira, me las hubiera seguido creyendo.
Se aferró a la rama del árbol con las piernas y se dejó caer cabeza abajo.
- Pero Kay, -Le dije.- la vida no me depara grandes cosas como a ti. No creo que salga nunca de este pueblucho. -Entonces se puso sus enormes gafas de aviadora, siempre lo hacía cuando iba a decir algo importante.
- A menudo las grandes historias se esconden en lugares pequeños y ¿sabes por qué? -Negué con la cabeza.- Porque la gente espera encontrárselas en lugares fabulosos e interesantes como la India, México o Nueva York. Pero solo los grandes aventureros con un gran espíritu pueden encontrarlas incluso en el rincón más aburrido de la tierra. -Kay se balanceó sobre sí misma y aterrizó justo delante de mí. En aquel momento, mientras me señalaba con el dedo índice, una ráfaga de viento nos sacudió e hizo hondear su bufanda de rayas. Parecía una película. -Y tú, pequeño Sam, tienes la capacidad de poder atraer al destino allá donde te encuentres. Sólo tienes que saber mirar y atraparlo en cuanto se cruce por delante de tus narices. Ese momento sólo durará un segundo, y tienes que saber aprovecharlo.
Sin decir nada más se colocó la capucha sobre su melena pelirroja y caminó ladera abajo de vuelta a nuestro pueblo. No sabía si Kay creía realmente en sus palabras, pero parecía que creía en mí. Y si ella era capaz de creer en el pequeño Sam, yo también.



Y ver la sinopsis de mi nueva novela en: http://roxyvarlow.blogspot.com/

15.11.10

Loyola Marymount University, Westchester (Los Ángeles), California. 10:15 AM

[...] Noté cómo su mirada se tensaba, sabía perfectamente a lo que me estaba refiriendo: A nuestras cartas secretas por debajo de la mesa, las clases que nos saltábamos para irnos al parque trasero a abrazarnos, las tardes de cine, los besos en el patio de su casa, las promesas de amor eterno… Y el día en el que me dijo que se marchaba para siempre. Pero ahora estaba aquí, había vuelto y estaba sentada delante de mí. Más mayor y más hermosa, con el cabello castaño recogido en una coleta tal y como la recordaba y sus ojos de otoño mucho más profundos y peligrosos.
- Sí… -Suspiró.- ¿Cómo iba a olvidarlo?
- Creí que ya no volvería a verte… -Los días que siguieron a su marcha fueron sin duda los peores de mi vida. Cada rincón del instituto me traía su silueta a la memoria, cada mañana esperaba verla asomar tras su taquilla, pero nunca estaba. No pude acercarme al parque trasero en meses y las noches se convirtieron en laberintos interminables.
- No eres el único que lo pasó mal, Ryan… -Dejó la taza sobre el plato y respiró profundamente. –Pasé semanas enfadada con mi padre, con el mundo. Sin dirigirle la palabra a nadie y negándome en rotundo a salir de mi habitación. Tardaron meses en conseguir que fuera a mi nuevo instituto… -Por el tono de su voz sabía que no quería recordar nada de aquello, pero en el fondo los dos necesitábamos sacarlo fuera.- Pero la vida sigue… ¿No? ¿Quién nos diría que volveríamos a encontrarnos cuatro años después?
Ardía por dentro. El corazón cada vez me palpitaba con más rapidez y en mi interior la rabia, la tristeza y la alegría se debatían por tomar el control de mis actos.
- Podríamos… Sophie… Aun podemos recuperar el tiempo perdido... –No la miré a los ojos, sabía que no tenía derecho a pedirle nada, pero en el fondo moriría si no lo hacía.
- Ryan, yo… Escucha… Yo lo pasé mal, creía que no saldría de aquello, pero… Conocí a alguien, ¿sabes? Fue meses después de entrar a mi nuevo instituto. –Levanté la cabeza, pero no quería creer lo que estaba a punto de decirme.- Se llama Robert. Fue muy bueno conmigo, primero un buen amigo y luego… Bueno, como ya te he dicho… La vida sigue.
- No siguió para mí.
- Lo siento mucho…
El silencio volvió a inundarnos lenta y dolorosamente. Acabamos nuestros cafés sin decir una palabra, tenía la sensación de que sabía más amargo de lo normal. Pagué la cuenta y miré a Sophie, pero ella estaba hundida en el fondo de la taza vacía.
- Me ha encantado volver a verte. –Le dije falseando una sonrisa lo mejor que pude.
- Yo también. Nos veremos pronto, Ryan. –Cogió su bolso y se marchó.
Permanecí allí sentado un rato más, meneando la cucharilla y haciéndola sonar contra la cerámica. El camarero volvió a retirar los recipientes vacíos.
- ¿Sabe qué es peor que ir a la universidad y peor aún que ir a la universidad en vacaciones? –Le dije sin mirarle. –Saber que cuando vuelva tendré que verla cada día…


¡Y aquí estoy! (Espero que para más a menudo, como antes)
Este es otro fragmento del proyecto 29 que os comenté hace algunas entradas y que, finalmente, he decidido continuar (: Es otro extracto de las 29 historias de amor que transcurren a la vez o dentro del mismo día dentro del 29 de Diciembre.

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