¿Dónde estoy?

Me quisiste a bocajarro. Fue imposible no morir en el intento.
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18.7.11

Y mientras, mis besos se convierten en cenizas

¿Tanto te has acostumbrado a sus labios que mis besos se han convertido en cenizas? Y son el recuerdo de un sabor cada vez más amargo que se apaga en tu memoria como una colilla consumida. El hedor de mis errores apesta cada uno de los recuerdos felices que luchan desesperados por recuperar su sitio dentro de tus sonrisas... Pero es en vano. Las lágrimas que derramaste emborronan y distorsionan cualquier intención de levantar el teléfono y llamarme para volver a tomar un café, para encontrarnos de nuevo en la avenida o simplemente escuchar mi voz antes de colgar el auricular con el corazón en la garganta. Y mis besos se pierden en el olvido mientras acaricias una piel que no lleva mi código de barras. Una nueva espalda por recorrer, un nuevo cuello que llenar de escalofríos... Nuevos rincones por los que perderte cada noche. Y mientras, mis besos se convierten en cenizas.
Tantas cosas hicimos mal que mi razón ha hecho las maletas y agotada de intentar explicarme un porqué, le ha dejado esa dura tarea a mi conciencia... Que me flagela y después llora desconsolada pidiéndome perdón. Tampoco me quedan ya fuerzas para perderme en mis laberintos con la esperanza de encontrar un motivo que me haga descansar por las noches, que le dé tregua a mis dudas y paz a mi alma. El motivo que me haga entender por qué no te encuentro a mi lado en la cama, por qué ya no me llamas cada tarde después de llegar de trabajar o por qué... O por qué mis besos se convierten en cenizas. Por qué se consumen lentamente en algún lugar mugriento y oscuro dentro de ti. Pero, sobre todo, por qué diablos no quieres siquiera intentar recuperarlos.



La imagen que acompaña al texto y la cual lo ha inspirado pertenece a la ilustradora chicagAto. Podéis encontrar más de sus creaciones en su Flickr personal: http://www.flickr.com/photos/meoowchicagato/

4.7.11

Tras el lienzo de la rutina

Siempre me planteé que podríamos volver a morir, quiero decir, retornar a ese punto final tras el cual pensábamos que no quedaba nada. Al fin y al cabo, el sexo después de ese límite era mucho mejor.
A veces sentía que estaba hecha de un papel que él rasgaba cada vez que intentaba destruirme. Y por más que luego intentara pegar los restos, siempre quedaban las odiosas marcas que me recordaban que una vez no hace mucho, estuve rota. Al final te acostumbras, ¿sabes? Te miras al espejo y sólo ves un viejo lienzo con trazos secos y llenos de polvo. Una superficie rasgada que se disolverá con la mínima caricia, pero es lo que tiene que te moldeen a base de gritos y penetraciones salvajes, que luego el amor te lastima, te arde, te desintegra... Acostumbrada a las miradas de odio y los silencios amargos, un guiño inesperado o una sonrisa a través de la muchedumbre en el metro se me antojaba como algo peligroso que debía evitar a toda costa. Y mi refugio era volver a su lado y al del cenicero, dejar que apagara las colillas sobre mi alma y que luego curase las quemaduras con su lengua húmeda y maloliente. Pero mira, es lo que hay... Es lo que tiene acostumbrarse a la mala vida, a las malas compañías. Que llega un momento en que se convierte en algo tan rutinario que hasta ves mal el intentar darle un giro a tus días, a tu corazón o a la mierda esa de sentimientos de los que habla la gente. Yo hace mucho que sólo divido mis sentimientos en "estar con él" y "estar sin él". Estar con él significa dejarme rasgar una vez más pero llevarme a casa la sensación de haber sentido la piel de otra persona por unos segundos, haber tenido contacto con un corazón ajeno que aunque indiferente, hace compañía al mío. Y estar sin él significaba pensar en los pros y los contras de estar con él.
Por eso preferiría volver a ese punto en el que todo es una mierda. Porque por lo menos, cuando termina la faena me abraza antes de quedarse dormido y puedo aprovechar para confesarle la vida que me gustaría tener a su lado. Creo que eso es mejor que nada. Por lo menos mejor que seguir mirándome al espejo y darme cuenta de en lo que me he convertido. O más bien, de lo que ya no soy.


La imagen que acompaña al texto y la cual lo ha inspirado pertenece a la ilustradora chicagAto. Podéis encontrar más de sus creaciones en su Flickr personal: http://www.flickr.com/photos/meoowchicagato/

12.6.11

Pulsaciones que escapan al compás del viento

¿Y qué te voy a contar que no sepas ya, viento? Si conocerás mis latidos mejor que yo misma cada vez que deslizas tus ráfagas por mis costillas, secas como pequeñas ramas muertas.
No sé hasta qué punto he tenido que desear morir para venir aquí, justo en mitad de la nada, a inundarte con mis penas y suplicarte que seques mis lágrimas como una vez secaron todo el mar de ilusiones por el que deseaba navegar, explorar, bucear, sentir, vivir...

¿Me perdonarás por ser tan débil? ¿Perdonarás que no encuentre las palabras para disculparme? ¿Que haya perdido las ganas de respirar? Sólo aquí con tu voz áspera rozándome el oído puedo aguardar unos segundos más con la esperanza de que la vida vuelva a estallar dentro de mí como si fuerza un jodido arco iris de luz. Que me invada las venas y se ramifique por cada articulación de esta cáscara a la que una vez llamé cuerpo. Sólo aquí hablándote en susurros, una parte de mí le reza a aquello en lo que no creo para que me zarandee sin control hasta que pueda despegar los párpados, abrir los ojos, dirigir mi cabeza en la dirección acertada, tomar el camino adecuado. Sólo aquí espero poder esperar. Tener la esperanza de volver a tener esperanza. Morir en vida. Vivir mi muerte. Que de un paro cardíaco se me hiele la sangre y se vuelva pálida mi piel, que titubeen mis labios y se enfríen mientras los besas, oh, viento... ¿Qué podría decirte que no sepas ya...? Si el fuego que antes me quemaba el alma se ha vuelto azul y sólo veo nieve cuando cierro los ojos, cuando bajo la cabeza y dejo que bailes con mi pelo al son de canciones que ya no me dicen nada, que ya ni entiendo ni sé cómo escuchar.
Y aun así esto es sentir... ¿Verdad? Sentir que nada sientes es ya indicio de que tu corazón se desquebraja, que sufre... Y por lo tanto vive. De modo que agonizar ¿es vivir? ¿Mi espíritu en coma es sólo como el viento en calma? ¿Y mi desesperación por estallar en tus brazos es como la tranquilidad que precede a la rabia de la tormenta?
Cuánto me queda por descifrar dentro del código de mi propia existencia, viento... Y espero poder seguir teniendo durante mucho más tiempo estas terribles ganas de morir que, mecidas por tu abrazo, sólo me hacen querer vivir un poco más... Con la esperanza de poder volar como tú, algún día.


Os presento el proyecto "Destrucción de un organismo": Relatos inspirados en el proyecto de ilustraciones "Destrucción de una moleskine" de la artista ChicagAto (en flickr) y cuya galería podéis visitar en: http://www.flickr.com/photos/meoowchicagato/
He aquí el primer relato (de muchos, espero)de la galería de esta joven ilustradora con un gran talento.

¿Qué hay para desayunar?